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domingo, 4 de mayo de 2014

El espiritu de la colmena / The Spirit of the Beehive



   En el pensamiento medieval los insectos laboriosos como la abeja y la hormiga tienen una consideración positiva y son imagen de virtudes y buenos presagios. En el caso de la abeja y la hormiga su consideración está avalada por la Biblia y en concreto por la siguiente cita del Libro de los Proverbios de Salomón (6,6-9):

"Ve, ¡oh perezoso¡ a la hormiga; mira sus caminos y hazte sabio.
No tiene juez, ni inspector, ni amo.
Y se prepara en el verano su mantenimiento, reúne su comida al tiempo de la mies. O ve a la abeja y aprende como trabaja y produce rica labor, que reyes y vasallos buscan para sí y todos apetecen, y siendo como es pequeña y flaca, es por su sabiduría tenida en mucha estima
¿Hasta cuando perezoso acostado? ¿Cuándo despertarás de tu sueño?"

  Además en el bestiario medieval se creía que las abejas se reproducían por partenogénesis, es decir dividiéndose entre ellas sin necesidad del concurso de un varón, por lo que esta cualidad les hizo símbolo de la virginidad de María.
     En determinados pueblos y creencias, las abejas simbolizan el alma del individuo por lo que es costumbre cubrir el colmenar de la casa con un paño negro al morir una persona de la familia, al igual que se tapa el retrato del difunto o se velan los espejos por temor a que el alma del difunto quede encerrada en su propio retrato o en la luna del espejo.  Igualmente y de acuerdo con la misma creencia, al morir una persona se acude al panal de la casa y se comunica a las abejas la defunción.
   Junto a las avispas, las hormigas son igualmente laboriosas y trabajadoras, y así aparecen en escenas de la Sagrada Familia señalando el trabajo en el taller de san José. Como tal las vemos al lado del Niño Jesús en esta miniatura española de la segunda mitad del s. XV:



Así como la Biblia define el aspecto positivo de los dos insectos citados, demoniza por el contrario a la mosca como imagen del dios pagano Beelzebub. Este dios fenicio es citado en el Antiguo Testamento, en concreto en un pasaje de la vida del rey Ozías.  Este monarca cayó desde la ventana y al quedar malherido, temió por su vida y mandó a sus súbditos a que fueran a consultar al oráculo de Beelzebub, al que se le ofrecían sacrificios humanos con vistas a que predijera el futuro, y por tanto su templo y debido al calor, se llenaba de moscas. Etimológicamente Beelzebub resulta de la deformación de Baal, término que significa dios o señor, adorado en un templo o gran estancia: zabul; templo que se supone estaba en Accaron antigua ciudad de Palestina. El rey Ozías murió tras la consulta al oráculo de Baal y no tanto por la gravedad de sus heridas sino como castigo divino, ya que había desconfíado de su verdadero dios, Yahvé, y había adorado a otro extraño a su religión.
La presencia de Beelzebub en el Antiguo Testamento sirvió para conocerlo y ubicarlo en un tiempo coetáneo del pueblo judío; pero su verdadera conversión en uno de los demonios más poderosos está en el Nuevo Testamento. Concretamente en un proceso de exorcización practicado por Cristo que los judíos critican e increpan diciendo que Jesús sólo puede expulsar demonios en nombre de Beelzebub (Mt 12, 24 y Lc. 11, 15-22).
La oposición entre el aspecto positivo de las hormigas frente al demoníaco de la mosca se representa en esta Crucifixión Mística del artista hispano Joan Rosat (1445). En el detalle que presentamos, las hormigas aparecen a la izquierda del cuadro como insectos laboriosos que simbolizan los buenos cristianos que recogen y atesoran la palabra de Dios; frente a la mosca posada sobre la calavera de Adán, imagen del pecado de nuestro primer padre que se redime con la sangre que brota del crucificado:


La araña como insecto laborioso que teje pacientemente su tela podría equipararse a la abeja y la hormiga, pero en ocasiones en la dialéctica cristiana simboliza la astucia del diablo por la forma artera de atrapar a sus víctimas en la red. Tanto san Isidoro de Sevilla en sus Etimologías como otro enciclopedista más tardío, Pierre de Beauvais (s. XIII), identifican la araña con el diablo. Posteriormente, en la segunda mitad del s. XIV, el Libro de los Gatos, traducción española de las fábulas de Odón de Cheritón (s. XIII), recoge el ejemplo de la avispa y la araña; donde la primera queda atrapada sutilmente en la tela del arácnido, simbolizando un alma capturada por la red del diablo.


The Spirit of the Beehive

   In medieval thinking hard-working insects such as the ant and the bee have a positive connotation and are images of virtue and good omen. In the case of the ant and the bee this is endorsed by the Bible, especially in the following quotation from Solomon’s Book of Proverbs (6, 6-9):

 "Go to the ant, thou sluggard; consider her ways, and be wise.
Which having no guide, overseer, or ruler,
Provideth her meat in the summer, and gathereth her food in the harvest. Or go the bee and learn how it works and produces rich labour, while kings and vassals search for themselves and all yearning, and being so small and thin yet held in much esteem for its wisdom.
 How long wilt thou sleep, O sluggard? when wilt thou arise out of thy sleep?"

  Besides, in the medieval bestiary it was believed that bees reproduced by parthenogenesis, that is to say, subdividing themselves without the necessity of a male’s collaboration, this quality making them a symbol of Mary’s virginity.
    In certain races and creeds, bees symbolise the individual soul so that it is customary to cover the beehive of the house with a black cloth when a member of  the family dies, just the same as the deceased’s portrait is covered or mirrors veiled  for  fear that the soul of the deceased will remain enclosed in his portrait or in the glass of the mirror. Similarly and in accordance with the same belief, when a person dies pilgrimage is made to the house’s beehive and the bees informed of the death.
   The ants are equally hard-working as the bees, and appear as such in scenes of the Sacred Family emphasising the work done in Saint Joseph’s workshop. So we see them at the side of the baby Jesus in this Spanish miniature from the second half of the 15th c.:


   Just as the Bible defines the positive aspect of the two insects cited, it demonises the fly as a symbol of the pagan god Beelzebub. This Phoenician god is cited in the Old Testament, specifically in a passage about the life of King Uzziah, who fell from a window and was badly injured. As he feared for his life he ordered his subjects to go to consult the oracle of Beelzebub. Due to the heat and the human sacrifices which took place to predict the future, the temple was full of flies. Etymologically speaking, Beelzebub came about through the deformation of Baal, a term which signified god or lord, worshipped in a temple or a large room: zabul; a temple which it is supposed was in the city of Ekron, an ancient city of Palestine. King Uzziah died after the oracle was consulted; not so much from the seriousness of his injuries as from divine punishment, as he had not trusted in his true god, Jehovah and had worshipped another, strange, god.
The presence of Beelzebub in the Old Testament served to make him known and  place him within the contemporary Jewish nation. However, his true conversion into one of the most powerful demons comes in the New Testament. This specifically in an exorcization process carried out by Christ which the Jews criticised and rebuked  saying that Jesus could only expel demons in the name of Beelzebub (Mt 12, 24 & Lc. 11, 15-22).
The contrast between the positive aspect of the ants and the demonic of the flies is represented in this Mystical Crucifixion by the Spanish artist Joan Rosat (1445). In  the highlight shown, ants appear to the left of the painting as hard-working insects which symbolise the good Christians who collect and store up the Word of God, in contrast to the ant posed on Adam’s skull, an image of the sin of our first father which was redeemed by the blood of the crucified:


The spider, being an industrious insect which patiently weaves its web, could be compared to the bee and the ant, but on occasions in the Christian dialect symbolises the astuteness of the devil because of the artful form in which it traps its victims into the net. Both St. Isodore of Seville in his Etimologias and another, later enyclopedist, Pierre de Beauvais (13th c.), identify the spider with the devil. Later, in the second half  of  the 14th c., The Book of Cats, a  Spanish translation of the fables of  Odo de Cheriton (13th c.) takes the example of the wasp and the spider; where the first is subtly trapped in the spider’s web, symbolising a soul captured in the devil’s net.

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